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Consideraciones finales
Después de lo visto, se puede concluir que la utilización de las ondas de radiofrecuencia en la telefonía móvil no presenta evidencia alguna, en el presente, de producir efectos adversos sobre la salud, excepto los térmicos. Para proteger a la población de estos efectos de incremento calórico están dictados estándares que limitan el umbral superior de aquellos parámetros relacionados con la exposición.
Con las potencias de emisión que tienen las instalaciones de telefonía móvil, los estándares de protección se cumplen para las distancias mayores de 6 metros (en el caso mas desfavorable de utilización de máxima potencia) dentro del cono de emisión y evidentemente para una cota inferior mucho mas pequeña fuera de él, y siempre considerando que no hay pantallas absorbentes (tejados).
Aunque sea de forma colateral, conviene señalar que la preocupación de la población se dirige de forma mayoritaria a la instalación de estaciones base de telefonía, sobre todo en el ambiente rural, sin que se preste mayor atención , de forma general, a los propios terminales móviles que presentan una contribución mayor a la absorción energética (sobre los que centran todos los estudios actuales), o bien a otras antenas de emisión que a veces emiten con potencias decenas de miles de veces superiores a las de las estaciones bases. Este hecho da a entender que, consciente o inconscientemente, se pone en juego otras consideraciones aparte de las relacionadas con la salud, como pudieran ser su fuerte impacto visual o consideraciones socio-económicas relacionadas con el propio hecho de la instalación.
Por último señalar que la telefonía móvil reporta beneficios sociales de grandísima magnitud, muchas veces relacionados directamente con la propia salud, que en todo caso hay que tener en cuenta cuando, con bastante ligereza, se suele aplicar el principio de precaución.
